miércoles, 4 de julio de 2018

La Inquisición Pontificia o Papal


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La Inquisición medieval, o mejor dicho, la Inquisición Pontificia o Papal, aparece durante el pontificado de Gregorio IX (siglo XIII) para investigar y juzgar las herejías en un mundo donde la autoridad civil como la autoridad religiosa se ayudaban mutuamente [1]. Hasta entonces las herejías dependían de los obispos. 

Dicho pontificado coincidió con el mandato de Federico II. El emperador fue un duro perseguidor de las herejías, utilizando la hoguera como pena máxima; esta pena era y fue siempre un castigo civil. El Papa lo excomulgó ya que creía que era el Anticristo. 

Por interés o por benevolencia, Gregorio IX acabó tomando cartas en el asunto de las herejías ya que algunos obispos se vieron desbordados y otros, o eran demasiado benevolentes o abusaban en sus sentencias [2]. En "Ille humani generis" manda que fueran frailes dominicos y franciscanos quienes se ocuparan de estos asuntos (enfrentándose a aquellos obispos locales que condenaban a su antojo sin juicio previo y de forma masiva), y en "Excommunicamus universos haereticos" decretó que aquellas personas condenadas por la Iglesia fueran entregadas al tribunal secular para que fueran castigadas con la pena correspondiente a su pecado. Pero las herejías siguieron aumentado. Este tipo de tribunal se extenderá por casi toda Europa.

Este tribunal inquisitorial trajo algo que hasta ese momento no se había visto en ningún otro tribunal de justicia: el inquisidor, además de ser juez, también inquiría, es decir, indagaba, o examinaba cuidadosamente el caso antes del juicio: por primera vez hay una investigación preliminar. Sin embargo se aceptaba el secreto sobre los acusadores y testigos y no se admitía defensores.

En la Península sólo llega hasta la Corona de Aragón. El arzobispo de Tarragona ("Declinante"), será el encargado de organizar la Inquisición por medio de la orden de los Predicadores. Los estudios que se han hecho sobre su actuación en esta zona indican que apenas hubo acciones restrictivas, y ninguna con pena civil del fuego.

Ahora vamos a hablar sobre el significado y el valor de las confesiones y del término diffamatioEs muy importante conocer ambas cosas para entender las  costumbres religiosas de aquellos años y, por tanto, la mentalidad de sus gentes:

La Iglesia predicaba, enseñaba y corregía. Sobre todo a aquellas personabas que se obstinaban en su error. Desde el comienzo del cristianismo la comunidad debía reunirse y expresar sus faltas, desde las más ligeras hasta las más graves. En la Edad Media, en los pueblos y localidades, si había un clérigo, se reunía a la población en la iglesia, o en la plaza de no caber en ella, y se pronunciaba un sermón en el que se instaba al arrepentimiento de los pecados, luego había un tiempo de gracias durante el cual los pecadores debían de confesar sus errores y pedir el perdón públicamente (la confesión siempre era colectiva, no como hoy en día que es individual). Al pecador se le absolvía del mismo y dependiendo de la gravedad se le aplica una penitencia. En caso de ausencia de un clérigo (que era lo habitual) estaban las visitas diocesanas itinerantes que hacían lo mismo. En cuanto al diffamatio (delación) entre las primeras comunidades de cristianos, si uno pecaba y no aceptaba la reprimenda de una persona que sabía de su pecado, este último lo tenía que dar a conocer a la comunidad para evitar que esa alma no se salvara.

En el caso de sospecha de herejía acudía un tribunal de la Inquisición conducido por  un dominico o franciscano. 

Confirmada la herejía, se encarcelaba y se juzgaba al hereje. El castigo iba desde ir a las cruzadas, asistir a la iglesia en determinadas ocasiones, hacer ayunos, destierro, etc [3]. El pueblo aceptaba estos castigos como algo necesario para mantener el orden social, sobre todo sus valores religiosos.

Será el Papa Inocencio IV, como medio de prueba, quien acepta el uso de la tortura [4]. 

A finales del siglo XIII la Inquisición queda en estado de letargo.

En el siglo XIV parece ser que se dan algunas condenas [5] y la Inquisición Pontificia de Aragón se divide en dos [6] : habrá dos inquisidores generales que nombrarán y enviaran inquisidores a donde haya focos de herejía.

A finales de este siglo la Inquisición, por primera vez, juzgará a judaizantes. Pero sobre ellos hablaremos en otra entrada.


[1] Realmente la lucha contra las herejías comienza con Inocencio III: quiere acabar con los herejes del sur de Francia, son una amenaza para la cristiandad, pero también en los condados occitanos se empieza a tener ideas propias, una aspiración de "independizarse", lo que será inaceptable para una determinada nobleza (como ya hemos comentado, religión y política siempre iban unidas). Es necesario acabar con la autoridad de algunos nobles  y reemplazarla por una autoridad más ortodoxa y ajena a los poderes políticos locales. Los condados heréticos serán integrados con los del norte por la fuerza, y la Inquisición, ya con Gregorio IX, ayudará a ello. («La política antiherética del nuevo papa combinó la diplomacia, la persuasión y la presión a diferentes niveles En el campo jurídico, allanó el camino hacia la Cruzada en dos medidas fundamentales: por un lado, el derecho de confiscación de los bienes de los herejes, fijado en el III Concilio de Letrán (1179), se amplió a sus cómplices, lo que ponía en el disparadero a la nobleza occitana (22 abril 1198); por otro, la legislación canónica se endureció aún más al introducir la herejía en el ámbito del derecho público -decretal Vergentis in senivm (1199)-, lo que hizo del hereje, en tanto que culpable del crimen de lesa majestad, un reo de alta traición.»
 http://biblioteca.ucm.es/tesis/19972000/H/0/H0036904.pdf)

[2] Anterior a la inquisición pontificia estaba la que ejercían los obispos y los jueces civiles, estos últimos sin piedad ninguna, que acudiendo a aquellos lugares donde se daban.

[3] Lo fundamental no era reprimir, sino que el hereje se retractara y así salvar su alma.

[4] La tortura se practicaba desde siempre en los tribunales de justicia civiles.

[5] No se conocen los motivos de dichas condenadas.

[6] Un tribunal actuará en la corona de Aragón y el otro en Valencia y Baleares. 



Bibliografía (una pequeña muestra de las obras consultadas):
  • Emilio Mitre Fernández, Cristina Granda: Las grandes herejías de la Europa cristiana, 380-1520.
  • http://blogs.periodistadigital.com/encristiano.php/2006/06/23/reflexiones-en-torno-a-la-inquisicion-i
  • Martín Alvira Cabrer: La Cruzada contra los Albigenses: historia, historiografía y memoria.
  • José Sánchez Herrero: Los orígenes de la Inquisición medieval.
  • L. J. Sackville: Heresy and Inquisition in the Middle Ages. Heresy and Heretics in the Thirteenth Century.
  • Sergi Grau Torras: Historiografía del catarismo en Cataluña: Estudios y documentos (SIGLO XIII)
  • Henry Kamen: Cómo fue la Inquisición. Naturaleza del Tribunal y contexto histórico.
  • Nihil Obstat: Luces y sombras de la Iglesia.
  • Mercedes López Picher: Magia y Sociedad en Castilla en los Siglos XVI y XVII.
  • Maqueda Abreu, Consuelo : El auto de fe.
  •  Fernández Conde, Francisco Javier: La religiosidad medieval en España.
  • Josep Baucells i Reig: Vivir en la edad media: Barcelona y su entorno en los siglos XIII y XIV.
  • http://www.iglesiareformada.com/Menendez_3_4_Historia_Heterodoxos_espanoles.html
  • Sergi Grau Torras, Eduard Berga Salomó, Stefano M. Cingolani: L’Herètica Pravitat a la Corona d’Aragó: documents sobre càtars, valdesos i altres heretges (1155-1324).

miércoles, 27 de junio de 2018

Don Rodrigo de Luna, arzobispo de Santiago de Compostela: su leyenda negra.


Sepulcro de don Rodrigo de Luna (Imagen obtenida aquí)

Hay quien dice que don Rodrigo de Luna (sobrino de don Álvaro de Luna), arzobispo de Santiago de Compostela en el siglo XV, fue denunciado y juzgado por ejercer el "Derecho de Pernada" (derecho que, cómo ya escribí en un artículo, hasta hoy en día no se ha demostrado que existiera en la Edad Media(1)), ya que secuestró y violó a una joven doncella en su noche de bodas (incluso he llegado a leer que la violó en su ¡propia iglesia!).

Pero veamos los motivos que señalaron al arzobispo como un ser depravado: 


El cronista Diego de Valera relata que don Rodrigo de Luna «fue llamado por el rey(2) a causa de algunas ynformaciones que le fueron fechas de su desonesto vivir... entre otras cosas asaz feas que este arzobispo avia cometido, acaecio que estando una novia en el tálamo para celebrar las bodas con su marido, el la mando tomar la tuvo consigo toda la noche». 

Sin embargo, sólo hay un carta de 1458 en la que el rey Enrique IV llama a don Rodrigo para que reúna a su ejército y acuda a Ecija para una expedición contra los moros en Granada. Don Rodrigo, fiel al rey, exige que en una fecha concreta estuviesen todos los nobles reunidos con sus gentes para la marcha, en caso de no obedecer perderían tierras, señoríos y oficios que tuviesen. Estos apelaron y protestaron contra dicha convocatoria retardando la orden del rey. 

En cuanto a la denuncia y un posterior juicio contra su persona no hay documentos que así lo corroboren

La llamada de Enrique IV coincide justo cuando don Pedro Álvarez Osorio había tomado Santiago y otras villas del Arzobispado (la nobleza gallega era hostil al arzobispo). El conde de Lemos y el conde de Benavente ayudan a don Rodrigo de Luna contra don Pedro. Y ya tenemos tenemos aquí las luchas intestinas donde la propaganda política, mediante rumores falsos o exagerados, es vital para enervar e instigar a la gente contra alguien. Y Diego de Valera, que no simpatizaba con el arzobispo, ayuda con su crónica a caldear el ambiente.

Mucho más tarde, don Alonso Fernández de Madrid(3) escribe en su obra la Silva Palentina (1539-1559):

«En las crónicas también se deuen escribir las malas hazañas como las buenas, porque unas nos convidan a la virtud y las otras nos refrenan de los vicios. Es de saber, que en este tiempo cerca del año MCCCCLVIII, era obispo de Santiago un Don Rodrigo de Luna, sobrino del maestre Don Aluaro de Luna, de quien antes hizimos mención. Este arzobispo era hombre muy vicioso, y hacía cosas muy feas y deshonestas, y entre otras hizo una harto escandalosa, que estando una donzella noble y muy hermosa el día de su boda en el tálamo, antes de la noche, el señor arzobispo parecióle que era bien celebrar él las bodas antes que el marido y vino allí a la casa con gente armada, y públicamente lleuó a la novia a su casa, donde la tuuo algunas noches sin quererla tornar a su marido: los padres se fueron a querellar al rey Don Enrique; el cual le mandó venir a su Corte, y estando él allí mientras el negocio se deliberaba, el conde de Trastámara Pero Alvarez Osorio y otros caualleros le tomaron sus villas y fortalezas, las cuales mientras vivió nunca pudo tornar a cobrar, y assi murió pobre y desheredado segúnd lo merecían sus desonestas costumbres».

En 1592 el padre Juan de Mariana, en su obra Historia de España, también escribe:

«Se halla que por este tiempo D. Rodrigo de Luna, Arzobispo de Santiago, de las mismas bodas y fiestas arrebató una moza que se velaba para usar della mal: grande maldad y causa de alborotarse los naturales, debajo la conducta de D. Luis Osorio, hijo del Conde de Trastamara. En enmienda de caso tan atroz, despojaron á aquel hombre facineroso y malvado de su silla y de todos sus bienes. Su fin fué conforme á su vida y á sus pasos. Lo que le quedó de la vida pasó en pobreza y torpezas, aborrecido de todos por sus vicios, y infame por aquel exceso tan feo»

La leyenda negra está ya en marcha. 


(2) Enrique IV
(3) Acusado ante la Inquisición por luteranismo. 

Bibliografía:
  • Alonso Fernández de Madrid: Silva palentina Palencia : Imp. de "El Diario palentino", 1932-1942.
  • Antonio López Ferreiro: D. Rodrigo de Luna, estudio histórico,
  • Carlos Barros: Derecho de pernada en la Baja Edad Media Cristiana: Rito y Violación.
  • Marta Cendón Fernández: El sepulcro del arzobispo compostelano don Rodrigo de Luna en Iría Flavia.
  • Alfonso Franco Silva: La fortuna y el poder: estudios sobre las bases económicas de la aristocracia castellana: S. XIV-XV.
  • Juan José Bande: Camino de Santiago. Alma y vida de un pueblo.
  • Ana E. Ortega Baún: Sexo, mentiras y Edad Media: el derecho de pernada y el cinturón de castidad en la España Medieval.





lunes, 11 de junio de 2018

ISABEL LA CATÓLICA y LA HIGIENE


Imagen obtenida aquí

Todavía hoy en día se lee y escucha que la reina Isabel la Católica sólo se bañó dos veces en su vida y que en 1491 hizo voto de no cambiarse de camisa hasta que no se tomara Granada. Incluso se pone en su boca esta frase: «No me cambiaré de camisa hasta que reconquistemos Granada». Pero esto de la camisa también se le adjudicó a su bisnieta la infanta Isabel Clara Eugenia, cuando la toma de Ostende, asedio que duró ¡tres años!(1)

Sin embargo, no hay datos históricos, ni crónicas, ni escritos de época que hablen sobre la falta de higiene en ambas soberanas. En cambio sí que escribía el cronista real Hernando del Pulgar sobre Isabel la Católica:

«Era muger muy cerimoniosa en los vestidos e arreos, e en sus estrados e asientos, e en el servicio de su persona».

Luego ya tenemos una pista del cuidado que ponía la reina en su aspecto personal.

Pero voy a exponer los posibles motivos que dieron lugar a esta leyenda «épica» y antihigiénica.

Se dijo de ella que fue mujer sobria, algo que tampoco es cierto. Su confesor, fray Hernando de Talavera, recriminó a la reina que en la entrevista que tuvo con los franceses en Perpiñán luciera vestidos caros, a lo que ella contestó:

«trajes nuebos no hubo ni en mi ni en mis damas ni aun vestidos nuebos, que todo lo que allí vestí abía vestido des que estamos en Aragón».

¿Será esta afirmación el primer cimiento sobre la que se construirá la imagen de mujer sucia? 
Sabemos que la camisa era una prenda que en los inventarios de la reina aparece en un número elevado, indicándose camisas «de toda suerte». También hay abundante ropa blanca. Esto es importante ya que como indiqué en el artículo que realicé sobre la higiene, esta prenda ayudaba a limpiar la piel, siendo además de fácil lavado. Esto, junto con las propiedades bactericidas(2) de las prendas hechas con fibras vegetales o con lanas de buena calidad, permitía tener una piel limpia y sana.

En cuanto a lo del baño, ya está superada la idea de que la gente sólo se bañaba dos veces al año (cuando la bautizaban y el día de la boda) o ¡en toda su vida! Y además, creer que una mujer con menstruaciones mensuales y partos no probaría el agua para limpiarse resulta, como mínimo, ridículo. 
Eso sí, debemos entender que los baños o el aseo no eran como hoy en día, con las comodidades de una bañera fija con sus grifos y ducha (ver el trabajo que hice sobre la higiene).


1489-96. Rodrigo Alemán, Sillería del coro de la Catedral de Toledo


Sigamos:

A principios del siglo XVI aparece una sátira en una obra llamada Carajicomedia, atribuida a fray Ambrosio Montesino o a Juan de la Encina, donde se menciona a una tal Isabel de León sobre la que algunos estudiosos ha especulado que podría referirse a la reina, a la que la sátira también señala como ramera. Estaríamos ante un libelo injurioso contra una persona:

« [...] Ysabel de León, con las Merdufeas,
 y otras mil putas, que van por las mares [...]
La Olivares, cortesana es. No se lee d'ella cosa que de notar sea.
María de Burgos, es jentil muger, algo morena, muy graciosa.
Començó a'ganar su axuár en Medina del Campo;
agora reside en la corte, es abogada de los mercaderes.
Ysabel de León ha sido ramera cortesana;
agora ya es jubilada y los dioses la han convertido en costurera.
Es y á sido tan merdosa, que merece bien ayuntarse a esta conpañía merdusea.»

De todos modos, se dice que la reina pudo morir de un cáncer de útero, por lo que durante sus últimos días debió de desprender cierto mal olor.

También es posible que la vida de austeridad que llevó la reina Isabel de Portugal (1271-1336), y que acabó siendo santificada, contribuyera a crear el mito de esa falta de aseo de la Católica. F. Eiximenis, en el "Carro de la donas" escribe:


Y para terminar, hay que mencionar los escritos épicos de caballería donde un hombre realizaba grandes gestas, siendo un modelo de valentía y de virtudes(3). El caballero juraba eterno amor y fidelidad a una dama, y no era raro que prometiera  no cambiarse de ropa ni asearse hasta acabar felizmente su empresa. Ya tenemos otra piedra para consolidar la imagen de una "sobria" Isabel que quiere emular a esos caballeros "tan románticos". 

Un ejemplo sobre la promesa de no asearse lo tenemos en un poema francés del siglo XII, «Chanson d'Aliscans», donde el caballero dice:

«Señora, no tengas miedo y confía en mi palabra. Juro: hasta mi regreso no cambiaré mi camisa, mis bragas ni mis zapatos, ni me lavo la cabeza. No comeré carne ni estofado; no beberé vino ni bebidas picantes. El agua sola saciará mi sed, y no tendré otro alimento que este gran pan donde se encuentra la paja. No dormiré sobre la pluma y no tendré abrigo ni sábanas ni cortinas, nada más que la tapa de mi silla y el vestido que me he llevado.»

Y otro ejemplo lo tenemos en la conocidísima obra El Quijote. Cervantes nos muestra al Marqués de Mantua, un personaje popular en los romanceros de la época, quien hace el siguiente juramento:

«Juro
De nunca peinar mis canas
Ni las mis barbas tocare,
De no vestir otras ropas,
Ni renovar mi calzare,
De no entrar en poblado,
Ni las armas me quitare,
si no fuere por una hora,
Para mi cuerpo limpiare,
De no comer en manteles
Ni á mesa me asentare
Hasta matar a Carloto.»


1. En este enlace se habla de esta leyenda en la que también se pone en su boca la frase de Isabel la Católica pero cambiando el destino.

2. Esta información se la debo a una seguidora de facebook (recomiendo entrar en ese enlace porque se habla sobre la higiene en la época de los Tudor).

3. Los poemas épicos se dieron sobre todo en tierras francesas durante los siglos del XII al XIV. Son cantares de gestas cuyos héroes tienen todas las virtudes que se esperan de un noble.


Entradas que pueden interesar:


Bibliografía:
  • Govert Westerveld: Juan del Encina, autor de la Carajicomedia.
  • Ana Isabel Carrasco Manchado: Isabel la Católica y las ceremonias de la monarquía. Las fuentes historiográficas.
  • Miguel Á. ZalaMa: Oro, perlas, brocados: La ostentación en el vestir en la Corte de los Reyes Católicos.  
  • MANUAL CONTROL DE CALIDAD EN PRODUCTOS TEXTILES Y AFINES
  • María del Cristo González Marrero: La casa de Isabel la Católica.
  • Libros de caballería.
  • Tarsicio de Azcona: Isabel la Católica: vida y reinado.
  • Padre Tarsicio de Azcona, de Azcona Tarsicio: Isabel la Católica: estudio crítico de su vida y su reinado.
  • Giles Tremlett: Isabel la Católica: La primera gran reina de Europa.
  • Javier Traité y Consuelo Sanz de Bremond: El olor de la Edad Media. Salud e higiene en la Europa medieval. 2024.