martes, 6 de febrero de 2018

La mujer en el siglo XVI y XVII: realidades y mitos.


Suelo leer o escuchar que los hombres del siglo XVI y del XVII consideraban a las mujeres volubles, inestables, de apetencias dudosas. Débiles o frágiles, tanto física como moralmente. Charlatanas. De lengua suelta. Vanidosas. Inferiores. Y, por supuesto, la encarnación del mal (Eva). Pero, seamos sinceros, en algunas de las calificaciones antes mencionadas ¿no es así como se las ha visto en cualquier época y sociedad... como también se las ve hoy en día, sin que sea obligatoriamente un hombre el acusador?

También se suele tachar a todos los moralistas o teólogos de misóginos (que haberlos, los hubo). Como si tener una idea general sobre las debilidades humanas de las mujeres fuera sinónimo de misoginia* o de pensamiento patriarcal**.


Ahora bien, como se suele decir, y no perdamos esto de vista, «una cosa es lo que se desea, y otra lo que sucede» o «la Iglesia va por un lado y la mayoría de los cristianos va por otro». Dos buenos títulos para un estudio como éste.

Mujeres perfectas. Una idealización 
Cuando se habla de la imagen que se tenía sobre la mujer, siempre se recurre al discurso sobre la «moral dominante» en aquellos años, y se citan a varios autores masculinos, eruditos todos ellos, como Pedro Luján, Fray Luis de León, Luis Vives, Vicente Mexía, Enríquez de Zúñiga, etc. o a Quevedo (desgraciadamente metido en todas las salsas).
 
Los tratados de teólogos y clérigos solían ser educativos y moralizantes, se basaban en el pensamiento que empezó a imperar tras el Concilio de Trento, donde se intentaba acabar, entre otras cosas, con la crisis dentro de la Iglesia y el relajamiento moral, así como afianzar la  institución del matrimonio y la familia. Para ello, hombres y mujeres, tanto laicos como religiosos, debían ser ejemplos de integridad. Ser y parecer. Tenían unos deberes. Por tanto los escritos eruditos (la mayoría en latín) estaban dirigidos a las clases nobles o las monjas, que debido a su mejor "formación intelectual", tenían la obligación de ser ejemplos a seguir. En ellos se incluían las reglas de comportamiento que debían adoptar las mujeres y la manera de educar a los hijos. 

Pero, ¿cuáles serían realmente los motivos de los moralistas para intentar que la mujer fuera perfecta? ¿Tal vez incitar a las buenas costumbres y afear el carácter impulsivo, charlatán, cambiante, fútil, sensual de algunas mujeres, es decir, se quejaban de lo que veían a su alrededor? o ¿tal vez señalar su falta de juicio o su incapacidad moral e intelectual? 

Para colmo también se tiende a dejar en el tintero que algunos moralistas no decían que todas las mujeres fueran unos «seres insoportables», sino que las individualizaban, es decir, que las había charlatanas, otras volubles, otras vanidosas... Y  extrañamente no se menciona que otros moralistas que exaltaban sus virtudes («filoginia», «ginofilia»). Así como también señalaban,  criticaban, con similar importancia, los vicios de los hombres

Por cierto, también hubo mujeres humanistas. 

Se pide a la mujer que sea obediente, recatada, vergonzosa, honesta, sufrida, discreta, callada, casta, piadosa, humilde..., pero por fin, también debe mostrar una inteligencia vivaz, y, dependiendo del moralista, estar instruida... 

Llegado a este punto, me hago preguntas: ¿qué mujer de la nobleza cortesana, de los altos funcionarios y de la alta burguesía era capaz de reunir todas esas «virtudes»? Empezando por la humildad o la modestia (teniendo en cuenta que el lujo a la hora de vestir era causa de escándalo). ¿Cuántas en fiestas, eventos y regocijos varios conseguían tal autocontrol? La vida encorsetada que hasta ahora nos ha llegado, perfectamente se puede armonizar con una vida más real: que las conductas en el día a día eran más flexibles, y que la idealización de la mujer era más un deseo que un hecho.


Y para finalizar, no se puede dudar (sería ridículo) que hubo mujeres fuertes, con carácter, que se enfrentaban a un mundo difícil (donde poco a poco se las fue apartando de determinadas actividades en el espacio público), pero que al mismo tiempo podían ser charlatanas, volubles, caprichosas, tener apetencias dudosas...

*Misoginia: Aversión a las mujeres.

**Patriarcado: organización social o familiar jerarquizada donde la figura del varón es predominante. La mujer está bajo la tutela de un varón (padre/marido) al considerarse que la mujer es menor de edad. Tanto el hombre como la mujer tendrá un rol asignado.


Bibliografía (una pequeña muestra):

  • Aurelio García López: La princesa de Éboli y Pastrana.
  • Carmen Díaz de Rábag: De vírgenes a demonios: las mujeres y la Iglesia durante la Edad Media.
  • José Deleito y Pieñuela: La mujer, la casa y la moda. (Claro ejemplo de libro que no puede servir como consulta seria sobre la mujer). 
  • Julia Barella: María de Zayas. Desengaños de una mujer contados por una mujer.
  • María Ángeles Hernández Bermejo: La imagen de la mujer en la literatura moral y religiosa de los siglos XVI y XVII.
  • Margarita Ortega López: Una reflexión sobre la historia de las mujeres en la Edad Moderna.
  • Margarita García Barranco: Antropología histórica de una élite de poder: Las reinas de España.
  • Martín Biersack: "Ser y Parecer". La nobleza española y el saber culto en el siglo XVI.
  • María Ruiz Ortiz: Pecados femeninos y vida privada: discursos sobre la conciencia y la vida cotidiana en la España Moderna (ss. XVI-XVIII).
  • Louann Brizendine: El cerebro femenino.
  • Pedro Santonja Hernández: La situación de las mujeres y el matrimonio en la Edad media y en los siglos XVI y XVII.
  • Sacramento Martí: El oficio de mujer en las obras de Juan Luis Vives y Fray Luis de León  
  • Enrique Villalba: La imagen de la mujer en la literatura y la pintura del siglo de oro.
  •  David Fraile Seco: Mujer y cultura: La educación de las mujeres en la Edad Moderna.
  • Elisa García Prieto: «Donde ay damas, ay amroes». Relaciones ilícitas en la corte de Felipe II.

lunes, 22 de enero de 2018

La mujer y los oficios:

Techumbre de la Catedral de Teruel. Fuente

Los oficios que ejercieron las mujeres (casadas, solteras, viudas), desde la Edad Media hasta el Siglo de Oro, dependía de la posición social, del nivel económico, así como el espacio en el que se desenvolvían (doméstico y/o  público).

1. Mujeres de la nobleza:
Aparte de traer hijos al mundo, estaban a cargo de la economía familiar*, del cuidado y educación de los hijos, así como de vigilar a las personas que estaban bajo su custodia. También representaban al marido ausente (que era algo muy frecuente, por lo que tenían que gobernar y administrar los dominios bajo su cargo). 
En la Corte las damas de renombre trabajan al servicio de la reina. En palacios o casas de nobles, las mujeres de familias peor posicionadas trabajan al servicio de las mejor posicionadas.
A lo largo del siglo XVI, pero sobre todo ya en el siglo XVII, su papel quedará reducido a los asuntos domésticos, a obras de caridad y/o al mecenazgo. Podemos casi decir que para las damas esto supuso un logro: por fin podían dedicarse sólo y exclusivamente al ocio. Los salones de las casas se abren para congregar a hombres y mujeres que charlarán e intercambiarán ideas e inquietudes. Se empieza a dar los primeros pasos hacia el pensamiento intelectual que culminará en la Ilustración.
También las clases más acomodadas de la burguesía imitarán esta actitud.  

La Catedral de la Magdalena de Getafe. Fuente

2. Mujeres comunes (grupo social medio):
Las mujeres de la urbe desempeñaron numerosos y variados oficios en las ciudades. Hubo mujeres que tuvieron su propio negocio independiente del de su marido, ayudando a la economía familiar. En algunos casos llegaron a alcanzar un gran poder social.
El mundo artesanal, siempre ligado a los intercambios comerciales, fue un terreno propicio para la mujer mejor posicionada. En el caso de las casadas, éstas se ocupaban de la economía del negocio y de la doméstica. 
Las mujeres podían trabajar en casi todos los gremios, siendo más habitual su presencia en el mundo textil (bordadoras, hilanderas, tejedoras) o trabajaban en lugares relacionados con la alimentación: elaboración del pan, cerveza... Asimismo dirigían pequeños negocios y tiendas de comestibles, vendiendo frutas, verduras, aceite, pescado, carne. También había vendedoras ambulantes de productos agrarios.
Al operar dentro de la esfera del hogar o desde los conventos, las mujeres eran en gran parte responsables de atender las dolencias más comunes, tratar las enfermedades infantiles y atender a las mujeres, sobre todo, en los partos. Pero también hubo mujeres que practicaron oficios sanitarios de forma autorizada y otras estuvieron al frente de una botica, por lo tanto, preparando medicamentos.

En la Edad Media no era infrecuente que la mujer ayudara en las obras de construcción (sobre todo en épocas de escasez de mano de obra masculina), realizando tareas similares a la de los peones (auxiliares de albañiles, canteros, tapiadores, reparadoras de caminos, transportadora de agua, haciendo mezclas...). En zonas con puerto trabajaba en las atarazanas, descargando productos de los barcos.

Bordadora. Villafranca del Penedés, Iglesia de San Francisco

3. Campesinas, villanas
Se dedicaban a las labores agrícolas de siembra y recolección y al cuidado de los rebaños familiares, así como a la manufactura para el consumo de otros. También le correspondía las labores del hogar, el cuidado de los hijos, de los enfermos de la aldea o poblado, la asistencia a partos...
Cuando las ciudades crecieron, las mujeres más jóvenes solían dejar el campo para ir a trabajar a la urbe como criadas y sirvientas de mujeres de la burguesía, bien recibiendo un salario o bien a cambio de comida y alojamiento. También servían en talleres. O eran requeridas como nodrizas.

 Las muy ricas horas del Duque de Berry. Fuente

4. Y no podemos dejar de mencionar a las juglaresas y las actrices, de vidas errantes, que recibían  un sueldo por sus actuaciones

 Mural de Juan Oliver, Museo de Navarra 

Resumiendo: Las mujeres trabajaban, bien en la empresa familiar, bien en otra comunidad social. Podían gobernar un feudo, podían estar al frente de un negocio mercantil, de una explotación agraria o de un taller. 
En los textos vigentes del siglo XIII permiten que las solteras y las viudas tengan una mayor libertad de decisión y de actuación comercial. Será a partir del siglo XVI (con una crisis económica, un aumento poblacional, la paulatina "profesionalidad de los ejércitos", etc.) cuando en los gremios se empieza a apartar poco a poco a las mujeres de los trabajos manuales (aquellos que requerían un esfuerzo físico), de la medicina, de las boticas... Aunque pueden todavía trabajar en los talleres familiares. Ya en el siglo XVII, en términos generales, sólo las viudas podrán hacerse cargo del negocio de su marido.

Mujer transportando un mortero (Imagen obtenida del trabajo de Clara Fernández-Ladreda)


*Recordemos que es lo que se entendía por familia en la Edad Media.

Artículo que escribí sobre los oficios que ejercían las mujeres en el siglo XVI y XVII.

Bibliografía:
  • Asenjo González, María: El ritmo de la comunidad: vivir en la ciudad, las artes y los oficios de Castilla.
  • Margaret Wade Labarge: La mujer en la Edad Media.
  • Narbona Cárceles, María: "Noblas Donas", las mujeres nobles en la casa de María de Castilla, reina de Aragón.
  • Valdivieso, M.ª Isabel del: Los espacio del trabajo femenino en la Castilla del siglo XV.
  • López Beltrán, María Teresa: El trabajo de las mujeres en el mundo urbano medieval.
  • Gabriel Muñoz Bonacic: Evolución del concepto de familia y  su recepción en el ordenamiento jurídico. Tesis.
  • Rodrigo-Estevan, M. Luz: Arte y vida cotidiana en la época medieval.
  • Toscano y Germán Ancochea, María: Las mujeres en el misticismo cristiano (III)
  • Vinyoles Vidal, Teresa: Respuestas de mujeres medievales ante la pobreza, la marginación y la violencia. Clio & Crimen. nº 5 (2008), pp. 72/93.
  • ELPAPEL DE LA MUJER EN LA EPOCA RENACENTISTA AL NEOCLASICISMO 
  • José Martínez Amante: El rol de la mujer en la Edad Media. Más allá de la ficción literaria.
  • Rodríguez Gil, Magdalena. Las posibilidades de actuación jurídico-privadas de la mujer soltera medieval

miércoles, 3 de enero de 2018

La adoración de los Reyes Magos de Vasco Fernandes

¿Un cuarto rey mago en el cuadro de Vasco Fernandes?
NO.

A la hora de interpretar obras de arte hay que tener en cuenta la época, la simbología religiosa y, por supuesto, la indumentaria.

Los personajes que aparecen en el cuadro de Vasco Fernandes son: la Virgen, San José y los tradicionales tres Reyes Magos. Pero hay quien ha interpretado que el pintor añadió un cuarto rey con rasgos amazónicos. Y sí, hay un rey mago que representa al cuarto contiene, pero el personaje que aparece cogiendo (o dando) una copa de las manos de María es, simplemente, San José.

Desde la segunda mitad del siglo XV a San José se le da mayor protagonismo. Queda más a la vista del espectador, pero siempre en un segundo plano y más o menos detrás de la Virgen. En algunas ocasiones aparece, como ya he comentado en el anterior párrafo, tomando uno de los regalos. En cambio a los Reyes Magos se les colocaba más o menos en un lateral de la composición artística, estando el rey Melchor delante arrodillado, adorando al Niño Jesús.

En cuanto a la indumentaria, a los reyes se les viste con ropajes lujosos y ricamente adornados, mientras que a San José siempre se le viste con prendas humildes. 
En este caso va con un capuz, sobretodo muy de moda por aquellos años tanto en España como en Portugal. Debajo lleva una túnica blanca. La túnica era la prenda con la que se representaba a la mayoría de los personajes de la Biblia.

1501-1506. Vasco Fernandes, Museo de Grão Vasco, Viseu (imagen obtenida aquí)