miércoles, 9 de marzo de 2022

TERESA SARMIENTO DE LA CERDA

 

TERESA SARMIENTO DE LA CERDA


Doña Teresa Sarmiento de la Cerda, duquesa de Béjar y de Mandas, fue alumna de pintura y dibujo de fray Juan Ricci (Madrid, 1600-Montecassino, Italia, 1681; monje benedictino, pintor, arquitecto y tratadista español). 

Según cuenta José García Hidalgo, artista de la época, doña Teresa realizó obras religiosas para algunos oratorios de la Corte de finales del siglo XVII. Y Antonio Palomino (pintor y primer biógrafo y crítico de pintura) destacaba una Virgen en cristal “con harto primor”. 
De ella no tenemos retrato ni obra conocida. Una lástima. Pero su interés por instruirse y como mecenas le hace digna de una reseña en esta entrada.

A su maestro le encargó realizar un obra escrita en la que abarcara varias disciplinas. Este publicó entonces el Tratado de la Pintura Sabia (en la Fundación Lázaro Galdiano, Madrid), escrita en castellano, griego, hebreo, francés, italiano y alemán. En él podemos observar los estudios que el benedictino realizó sobre geometría, perspectiva y anatomía. Y su especial interés por el sistema circulatorio, el nervioso, así como por la estructura ósea, los órganos digestivos y los órganos genitales del ser humano. Fueron simples apuntes de la obra “Historia de la composición del cuerpo humano” escrita por el médico y anatomista español Juan Valverde de Hamusco, editada en Roma en 1556 (Amusco, Palencia, H.1525 - Roma, H.1587) que a su vez se basó en las imágenes de "De humani corporis fabrica" de 1543 de Andreas Vesalius (Bruselas, 1514 – Zante, Grecia, 1564).


Grabado, Tratado de la Pintura Sabia, 1655, fray Juan Ricci




Bibliografía:
  • García López, David: La teoría artística de Fray Juan Ricci. El pintor Fray Juan Andrés Rizi (1600-1681): Las órdenes religiosas y el arte en La Rioja. Jornadas de Arte y Patrimonio Regional. Coord. por Ignacio Gil-Díez Usandizaga, 2000.
  • García López, David: La Pintura Sabia y los manuscritos italianos de fray Juan Ricci. A vueltas con lo salomónico. Goya: Revista de arte, ISSN 0017-2715, Nº 286, 2002.
  • García López, David: La IX duquesa de Béjar doña Teresa Sarmiento y el monasterio de franciscanas de la Purísima Concepción de Caballero de Gracia. Las mujeres y la práctica de la pintura en la España del siglo XVIII. 2011.
  • Tormo y Monzó, Elías y Gusi, Celestino: La vida y la obra de Fray Juan Ricci. Edición preparada por E. Lafuente Ferrari, Madrid, 1930.

jueves, 28 de octubre de 2021

Inocencio VIII y la leyenda del Papa vampiro

 


Del Papa Inocencio VIII, siempre con achaques, se dice que buscó desesperadamente remedios para mejorar su salud. Entre estos remedios estaría el beber leche materna directamente del pecho de una nodriza (relato para los adictos a las fantasías sexuales) y que bebió sangre de niños. El resultado fue la muerte de los tres niños y del mismo papa (relato para los adictos de lo macabro o de la brujería; recordemos que Inocencio VIII promulgó la bula Summis desiderantes affectibus).

La leyenda vendrá «gracias» al cronista Stefano Infessura y al humanista y médico Marsilio Ficino (1433-1499).

Infessura (h. 1435 - h. 1500) escribe en su obra Diarium urbis Romae (1492) que un médico judío propuso cambiar la sangre vieja del papa por la de tres niños de diez años. Infessura tuvo una fuerte animadversión hacia los papas (era partidario de derrocar el poder papal y fue, además, partidista a la familia Colonna) y hacia los judíos, que por esas fechas se decía que realizaban infanticidios para obtener sangre (entre los investigadores no se considera a Infessura un cronista fiable). 

«Mientras tanto, la ciudad no dejó de sufrir padecimientos y muertes; primero, de tres niños de diez años de edad, por venas cortadas por cierto médico judío para restaurar la salud del papa, según prometió, muriendo en el acto. El judío había dicho que iba a curar al pontífice, si obtenía cierta cantidad de sangre humana y joven; la extrajo de los tres muchachos a cuyas familias se había pagado un ducado para autorizar la donación; y poco más tarde el papa moriría. El judío escapó, y el papa no sanó».

En la obra también difama la figura de Lucrecia y registra los chismes, ciertos o no, que ocurrían en Roma.

No hay rastro en ninguna otra fuente contemporánea que relate lo acaecido (por ejemplo, en «Diarium, sive rerum urbanarum commentarii» (1483-1506) de Johannis Burchardi). Ni siquiera se sabe el nombre del médico judío, aunque Jacalyn Duffin en «History of medicine: a scandalously short introduction» (1999), elucubra que podría ser el médico personal, judío converso, del papa, Giacomo di San Genesio. 

En el siglo XIX, Ludwigvon Pastor, en la obra Historia de los papas desde finales de la Edad Media, escribe: «Stefano Infessura cuenta que el médico judío de Inocencio VIII hizo degollar a tres criaturas de unos diez años, presentando al Papa la sangre obtenida como único medio de conservar su vida. Como fuera que el Papa rechazó la sangre, el malvado médico se dio a la fuga. Si esta historia fuese cierta, se obtendría un dato importante para probar que los judíos usaban sangre humana con fines medicinales. Pero los despachos de la embajada de los agentes mantuanos, todavía inéditos y que examiné personalmente, no dicen nada semejante. Ni siquiera en la crónica de Valori se menciona este hecho. Un cronista que anota exactamente lo que el Papa tomó como medicina (Cfr. Thuasne, I, 571) seguramente no habría olvidado de ningún modo un expediente médico tan horrible



En cuanto a Ficino, en su obra De vita libri (1489), mezcla psicología, higiene, farmacología y astrología, y en el Libro II (De vita longa) escribe sobre la longevidad con recetas para revitalizar a estudiantes que envejecen y para hombres de más de sesenta años. Entre estas recetas están la de chupar la leche de una joven “sana, bella, alegre y templada” y la sangre de un joven "dispuesto, sano, feliz y templado" (en este blog podemos leer una parte muy interesante del Libro II: Longevidad. Cap. 11:  Uso de leche y sangre humanas para revitalizar a losancianos).

Ya tenemos, por tanto, construida la leyenda.


Bibliografía:



jueves, 17 de junio de 2021

Basura que pulula por las Redes Sociales: EN LOS AÑOS 1600 Y 1700...

 

Vamos a desmontar un texto que anda pululando por Internet y por las RRSS desde hace meses. Texto lleno de bulos y memeces.

«¿SABIAS QUE..?

 

EN LOS AÑOS 1600 Y 1700

Al visitar el Palacio de Versalles en París, se observa que el suntuoso palacio no tiene baños.

En la Edad Media, no había cepillos de dientes, perfumes, desodorantes, y mucho menos papel higiénico. Los excrementos humanos eran lanzados por las ventanas del palacio.

En un día de fiesta, la cocina del palacio pudo preparar un banquete para 1500 personas, sin la más mínima higiene.

En las películas actuales vemos a las personas de esa época sacudirse o abanicarse...

La explicación no está en el calor, sino en el mal olor que emitían debajo de las faldas (que fueron hechas a propósito para contener el olor de las partes íntimas, ya que no había higiene). Tampoco era costumbre ducharse debido al frío y la casi inexistencia de agua corriente.

Solo los nobles tenían lacayos para abanicarlos, para disipar el mal olor que exhalaban el cuerpo y la boca, además de ahuyentar a los insectos.

Los que han estado en Versalles han admirado los enormes y hermosos jardines que, en ese momento, no solo se contemplaban, sino que se usaban como retrete en las famosas baladas promovidas por la monarquía, porque no había baños.

En la Edad Media, la mayoría de las bodas se realizaban en junio (para ellas, el comienzo del verano). La razón es simple: el primer baño del año se tomaba en mayo; así que en junio, el olor de la gente todavía era tolerable. Sin embargo, como algunos olores ya comenzaban a molestar, las novias llevaban ramos de flores cerca de sus cuerpos para cubrir el hedor. De ahí la explicación del origen del ramo de novia.

Los baños se tomaban en una sola bañera enorme llena de agua caliente. El jefe de la familia tenía el privilegio del primer baño en agua limpia. Luego, sin cambiar el agua, llegaban los demás en la casa, en orden de edad, mujeres, también por edad y, finalmente, niños. Los bebés eran los últimos en bañarse. Cuando llegaba su turno, el agua en la bañera estaba tan sucia que era posible matar a un bebé adentro.

Los techos de las casas no tenían cielo y las vigas de madera que los sostenían eran el mejor lugar para que los animales: perros, gatos, ratas y escarabajos se mantuvieran calientes. Cuando llovía, las filtraciones obligaban a los animales a saltar al suelo.

Los que tenían dinero tenían platos de lata. Ciertos tipos de alimentos oxidaban el material, causando que muchas personas mueran por envenenamiento.

Recordemos que los hábitos higiénicos de la época eran terribles. Los tomates, siendo ácidos, se consideraron venenosos durante mucho tiempo, las tazas de lata se usaban para beber cerveza o whisky; esta combinación, a veces, dejaba al individuo "en el piso" (en una especie de narcolepsia inducida por la mezcla de bebida alcohólica con óxido de estaño). Alguien que pasara por la calle pensaría que estaba muerto, así que recogían el cuerpo y se preparaba para el funeral. Luego se colocaba el cuerpo sobre la mesa de la cocina durante unos días y la familia se quedaba mirando, comiendo, bebiendo y esperando a ver si el muerto se despertaba o no. De ahí la que a los muertos se les vela (velatorio o velorio), que es la vigilia al lado del ataúd.

Inglaterra es un país pequeño, donde no siempre había lugar para enterrar a todos los muertos. Luego se abrían los ataúdes, se extraían los huesos, se colocaban en osarios y la tumba se usaba para otro cadáver. A veces, al abrir los ataúdes, se notaba que había rasguños en las tapas en el interior, lo que indicaba que el hombre muerto, de hecho, había sido enterrado vivo.

Así, al cerrar el ataúd, surgió la idea de atar una tira de la muñeca del difunto, pasarla por un agujero hecho en el ataúd y atarla a una campana. Después del entierro, alguien quedaba de servicio junto a la tumba durante unos días. Si el individuo se despertaba, el movimiento de su brazo haría sonar la campana. Y sería "salvado por la campaña", una expresión utilizada por nosotros hasta hoy.»

 

1 - Para empezar, el siglo XVII es Edad Moderna (para algunos historiadores empieza en 1492 y para otros, en 1453).


2 - En la Edad Media había "cepillos de dientes", se hacían con palos deshilachados y mondadientes. La higiene dental en todas las épocas ha sido una preocupación constante. 


Recomiendo ver este vídeo: La salvaje Edad Media.

Había desodorantes, baños, jabones, cosméticos. Se limpiaban el trasero con plantas, trozos de tela, trozos de cerámica, etc.

La higiene desde la Edad Media hasta el Siglo XVII


3 - Había perfumes y sustancias olorosas (ya los antiguos egipcios los utilizaban, así como en la Antigua Grecia y entre los árabes). Su función no era para cubrir el mal olor, sino para oler distinto.

Lectura recomendada: 

Las artes de la paz. Técnicas de perfumería y cosmética en recetarios castellano de los siglos XV y XVI, de Teresa Criado Vega.


4 - Versalles tenía baños y retretes, no hay datos sobre que los excrementos humanos eran lanzados por las ventanas del palacio o que en la cocina del palacio se preparaban banquetes sin la más mínima higiene.

Lecturas recomendadas:

El diseño de lo privado. El baño, de Luis Soto Walls.

Les mèdecins de Louis XIV

11 secretos sobre el palacio de Versalles

El inodoro y sus conexiones, de Angel Oscar Prignano.

Chateau Versailles.

Versalles.


5 - En la Edad Media había tratados de higiene y de comportamiento en la mesa.

Lectura recomendada: 

Normas de comportamiento en la mesa durante la Edad Media, de C. Alvar y G. Alvar Nuño. 



6 - El “¡Agua, va!” es un mito. Que lo hicieran algunos no es sinónimo de que lo hiciera todo el mundo. También se dio en la época romana.

Lectura recomendada: 

Espacios de sociabilidad urbana en el Reino de Valencia durante la Edad Media, de J. Hinojosa Montalvo.


7 - El orín se recogía para, entre otras cosas, curtir cuero y blanquear la ropa. Las heces se usaban como abono.

Lectura recomendada: 

Eliminación y reciclaje de residuos urbanos en la Castilla bajomedieval, de Córdoba de la Llave.


8 - El abanico fue un instrumento usado por todas aquellas culturas donde el calor y los insectos eran insoportables, por tanto, servía para espantar bichos y para refrescarse.


9 - Las mujeres llevaron hasta el siglo XX prendas hasta los pies. Las campesinas solían llevarlas más cortas. Y no, no se llevaron para «contener el mal olor de las partes íntimas». Llevar, además, varias faldas superpuestas era un signo de lujo.



10 - La gente se aseaba todos los días usando recipientes, agua y mano, trapo, esponja. Se bañaban 
cuando podían (los baños no desaparecieron del todo tras la caída de Imperio romano y durante la Edad Media estos proliferaron. Los ríos también servían para tal menester). Por cierto, el agua se puede templar o calentar echando una piedra puesta anteriormente al fuego. Y aunque en la mayoría de las casas no había agua corriente, la gente tenía piernas y manos para recogerla en los ríos, fuentes, manantiales, pozos.

 



11 - No hay datos que nos digan que las bodas se realizaban en junio, sí, en cambio, que en mayo había fiestas populares: celebración pagana por el renacer de la vegetación y, por tanto, de la fecundidad. Las bodas, además, duraban varios días.

Lectura recomendada: 

«Costumbres festivas en la Baja Edad Media castellana: el ejemplo de la villa de Cuellar», de E. Olmos Herguedas.

12 - Las novias llevaron flores adornando la cabeza el día de su boda como parte de una tradición ancestral, estaban relacionadas con la abundancia y la fertilidad (también en la Antigua Roma se llevaba una corona de flores). Con el tiempo se sustituyó por una tira o garlanda


Lecturas recomendadas:

Raíces rituales de la danza y su relación con lo sagrado, de Ponte Mosteiro.

Superstición, magia y otras creencias en el arte de la Hispania Romana, Sanjuán del Olmo.

Peculiaridades nupciales romana y su proyección medieval, de Marcos Casquero.

13 - No hay datos que afirmen estas tonterías: «los baños se tomaban en una sola bañera enorme llena de agua caliente. El jefe de la familia tenía el privilegio del primer baño en agua limpia. Luego, sin cambiar el agua, llegaban los demás en la casa, en orden de edad, mujeres, también por edad y, finalmente, niños. Los bebés eran los últimos en bañarse. Cuando llegaba su turno, el agua en la bañera estaba tan sucia que era posible matar a un bebé adentro.»

 En cambio, sí existe una crónica del siglo X, de Ibrāhīm ibn Yaʿqūb, que tomó fragmentos de las crónicas, perdidas, del comerciante Abraham ben Jacob (mediados del siglo X), en la escribe lo siguiente sobre los vikingos: 

«Son los más desaseados entre todas las criaturas de Dios. No se limpian las manchas producidas por los excrementos o la orina. No se lavan después de las relaciones sexuales; no se lavan las manos después de comer. […] Todos los días, sin falta, se lavan la cara y la cabeza con el agua más sucia que pueda haber. Una joven sirvienta viene todas las mañanas con el desayuno y con él una gran cuenca de agua. Se lo ofrece a su maestro, que se lava las manos y la cara, así como el cabello. Se lava y desenreda el cabello, usando un peine, allí en el lavabo, luego se sopla la nariz y escupe y hace todo lo sucio que se pueda imaginar en el agua. Cuando termina, el criado lleva el cuenco al hombre que está a su lado. Continúa pasando el lavabo de uno a otro hasta que se lo ha llevado a todos los hombres de la casa. Y cada uno de ellos se sopla la nariz, escupe y se lava la cara y el cabello en este lavabo.»

La estrategia es clara: para atacar al enemigo, nada como desacreditarlo. 

Lectura recomendada:

Vikingos 

14 - En cuanto a animales, latas, tomates, enterramientos os dejo el comentario que hizo una buena amiga en otra página de Facebook donde colgaron el mismo texto: